sábado, 27 de diciembre de 2025

             Noticias, opiniones y hamburguesas con queso

Hoy por hoy, resulta difícil creer. Antes, las noticias debían pasar por filtros, por verificaciones que ahora son despreciados. Sin la estructura de un medio impreso o de un canal de noticias, sea CNN o Reuters, RT o DW, y favorecidos por un teléfono inteligente que cubre las necesidades básicas para reportar en vivo y opinar sin mediación de jefes de redacción e incluso, de las restricciones legales (como la de no difamar o injuriar a otros, reconocidas ambas como delitos), los embustes, las exageraciones y los wishfull thinkings, o como lo llamaríamos quienes hablamos la lengua de Cervantes, pensamientos ilusorios, colman las redes, así como también ofensas de todo tipo.

            Muchos pretenden que no se haga. Sin embargo, nada más naíf. Sin escrúpulos, no contendrán muchos sus impulsos más ruines, como anunciar la muerte de un famoso que no ha muerto para ganar visitas a su página o revelar (supuestos) planes secretos que sin lugar a dudas ignoran. En mis días mozos, llamábamos a eso hablar paja (porque son chismes y rumores con tanto valor como lo tiene, en efecto, la paja o el heno). Conocíamos reporteros prestigiosos que cuidaban su buen nombre y gacetilleros desesperados por dar un tubazo.

            Sin embargo, en nuestros días, como reclamaba Renny Ottolina a los productores de televisión y radio, distinto de elevar el nivel de los partícipes en este contubernio que son las redes sociales, muchos periodistas han descendido a la ruindad propia de quienes buscan notoriedad. Lo sé. Sus razones varían dependiendo de la erudición (o falta de esta) de quien escribe. Muchos, sin formación profesional en el periodismo o irrespetando sus normas, usan la información noticiosa con el mismo criterio de un community manager. Solo buscan generar tráfico. Por ello, la veracidad de sus noticias importa muy poco. Otros, mercachifles y lobistas, las tergiversan para favorecerse ellos o a terceros. Y otros, soberbios, tan solo se creen mejores que los demás y portavoces de la verdad absoluta.

            No interesa qué los motiva. Su conducta es, en todo caso, reprochable.

            La opinión sesgada carece de valor, indistintamente de si quien la emite es Walter Cronkite o Christiane Amanpour, o si se trata de un gacetillero de un diario amarillista. La opinión no es verdadera ni falsa. Eso lo sé. Sin embargo, sí está bien o mal fundamentada. Se trata de reglas lógicas, no de la talla intelectual y académica de quien opina. Dar por cierta la opinión de alguien solo porque es quién es constituye una falacia ad hominem. Su trayectoria y su reputación pueden conferir valor al sujeto, o, en caso contrario, restárselo; pero, en modo alguno, se entienden como los hechos de un contexto determinado. En todo caso, la conclusión debe derivarse de las premisas, no de la buena o mala fama de quien opina.

            Unos se regodean y alardean de información de primera mano que cuando mucho llega a chisme o ilusión. Otros se arropan en su soberbia o en la necesidad de vender una idea y, como quien vende autos usados, recurre a citas e hipótesis que no necesariamente son aplicables a un contexto determinado. Ninguno de ellos, por lo que se lee en sus comentarios, fundamenta sus alegatos en premisas creíbles, en hechos constatables, aunque algunos trazan artilugios, construidos con mayor o menor cuidado, para disfrazar de premisas sus intereses o los de terceros.

            Saber qué puede ocurrir en Venezuela es, de hecho, improbable (porque imposible es un círculo cuadrado). Se especula y se crean fábulas, pero adelantar eventos, en uno u otro sentido, es osado, aventurado y, sobre todo, imaginario. A la vista no existen elementos conocidos que permitan predecirlos, salvo cartas, declaraciones, datos que van surgiendo a gotas en medio de suposiciones infundadas y narrativas fantásticas.

            La masificación de la información es un hecho. Ocurre y ciertamente no existen mecanismos efectivos para evitarla. Se puede, sí, hacer un esfuerzo para desgranar el trigo de la cizaña. La mercadería de análisis y noticias (sesgadas) solo puede compararse con el mercadeo de hamburguesas o gaseosas.

 

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