sábado, 10 de mayo de 2008

Señores, ¡seamos serios!

Leo, a veces, como muchos defensores de este régimen (aunque alguno de los foristas de noticierodigital.com critique el uso de este término, ciertamente apropiado a la concepción que esta gente posee acerca del modo de gobernar), atacan a la oposición por resguardar derechos que benefician a todos por igual. Claro, esta suerte de suicidio no es original de nosotros, los venezolanos. Los italianos, nación que hoy pertenece al selectísimo grupo de los ocho países más poderosos del mundo, se entregaron descocadamente en las manos de un dictador, Benito Mussolini. La idiotez es un rasgo común a todos los seres humanos.
Creer, como lo hicieron muchos venezolanos durante la dictadura militar (1948-1958), que “la mano dura” pone orden y crea prosperidad – error que cometieron por igual los chilenos entre 1973 y 1989, durante la dictadura de Pinochet y, regresando al ejemplo italiano, éstos durante la dictadura fascista (1922-1943) – resulta cretino. Y tal vez algunos intelectuales, si es que merecen el epíteto, justifiquen al “gendarme necesario” o el “cesarismo democrático” amparados en la vulgar noción del caudillo, el “salvador de la patria” o cualquier otro calificativo, como führer, duce o, igual de trágico, padrecito.
Chávez no es más que otro caudillo. Someterse a sus caprichos resulta más que un suicidio, una imbecilidad imperdonable. Soy un hombre crítico. Siempre lo he sido y, pese que rechazo este régimen (porque persigue perpetuase en el poder y modificar arteramente nuestras instituciones), no defiendo a ultranza al liderazgo opositor. Por el contrario, creo que su pusilanimidad ante la conducta arbitraria y autocrática de los jefes de este “proyecto revolucionario” le ha permitido a éstos muchos desmanes, como, por ejemplo, el desconocimiento sistemático por parte del jefe del Estado de los resultados de la consulta popular del pasado 2 de diciembre o, peor, la desnaturalización de los hechos ocurridos en Caracas el 11 de abril de 2002.
Debo decir, además, que soy un patriota. Uno verdadero, amante de su país y que ve la emigración a otras naciones como un extrañamiento forzoso de esta tierra hermosa que ha sido mi hogar. Por eso escribo estas palabras. Porque me exaspera la conducta miope y, por qué negarlo, cobarde de tiros y troyanos. Puede que esté equivocado pero intuyo comportamientos poco patriotas de líderes revolucionarios y opositores, aunque sea inconscientemente. Tal vez Chávez esté convencido de que su “socialismo del siglo XXI” sea la panacea de todos los males, a pesar de que la historia y la inteligencia sugieren lo contrario. Posiblemente Julio Borges piense que el país y, sobre todo, nosotros los venezolanos podemos esperar hasta que él pueda ser el candidato en diciembre del 2012. Por supuesto, si es que el jefe de este tinglado así lo permite. Sobre todo si creemos que el liderazgo opositor va a actuar tan cobardemente, como lo sugirió Antonio Sánchez García en un artículo suyo con ocasión de los últimos procesos electorales.
Cabe recordar las buenas intenciones de Arthur Neville Chamberlain. El premier británico no sólo no evitó la guerra bajándose los pantalones (en aras de la paz), sino que permitió que el conflicto se prolongase. Su pacifismo irracional - o, ¿cobarde? - permitió que el régimen nazi se armase hasta los dientes. A pesar de las acusaciones que gravitaban sobre él y su actitud beligerante frente a Hitler, Winston Churchill acabó teniendo la razón. ¡Hay que ser pendejo para creerle al hampón! Amo la paz y ruego cada día al Creador para que me dé fuerzas e ideas que ayuden a un fin tan loable, pero sé, porque la historia redunda sobre este asunto, que los discursos políticamente correctos han resultado, la más de las veces, harto perniciosos aun para los fines admirables que en efecto, persiguen. Por eso, ¡señores, seamos serios!

sábado, 26 de abril de 2008

Mundo Bizarro

Ignoro, como tantos en estas tierras desventuradas, quien dice la verdad y quien miente. Supongo no obstante que Noticias 24, reseñando al diario El Universal, no inventó las declaraciones del ministro de la defensa (no es falta de respeto escribirlo con minúsculas porque así se hace en correcto español), general en jefe Gustavo Rangel Briceño. Según el artículo de marras, como dirían mis colegas abogados que deambulan por ese infesto edificio que mientan coloquialmente Pajaritos, el ministro dijo: “No acepto esa visión cobarde que rehúye de las responsabilidades reales y verdaderas del momento histórico que estamos viviendo porque ‘yo soy institucionalista y entonces no…’. Entonces, ¿usted no? Entonces usted se va, usted está fuera de orden”.
¿Qué carajo significa toda retórica? Claro, de ser ciertas las palabras de un funcionario obligado más que otros a velar por la legalidad y constitucionalidad de sus actos. Sobre todo, porque según el artículo, el funcionario castrense se preguntó si un “institucionalista” no es en realidad “un gran cobarde o un burro que se niega a aceptar la realidad”. ¿Qué realidad? En especial si tomamos en cuenta que, al parecer, dijo: “Tenemos una realidad en la mano y es política. La oportunidad que tenemos es política”. Y por eso, me pregunto yo, un humilde ciudadano, ¿de qué carajo habla el ministro? ¿Qué oportunidad? Y me lo pregunto porque hasta donde sé, la Fuerza Armada no está al servicio de una parcialidad política ni de una ideología determinada. ¡Están al servicio de la nación! Y la nación somos todos, ¿o me equivoco? ¿Acaso son sólo aquéllos que aún no se han decepcionado del comandante de este batiburrillo revolucionario?
Creo, dándole el beneficio de la duda al funcionario militar, que confunde la fe que uno pueda profesar, la cual se elige libremente; y el credo ideológico que su jefe, el comandante de este sainete revolucionario, pretenden meternos a troche y moche por el buche, como esos remedios malucos. Rangel Briceño defiende el patético lema “patria, socialismo o muerte”, comparándolo con la consagración del matrimonio hasta la muerte. Quizás sean otros los brutos. O, acaso, yo me perdí y no supe cuando los venezolanos aceptamos al socialismo como ideología nacional e incuestionable. Quizás yo no me enteré cuando el “Capital” y el “Manifiesto comunista” se erigieron en la ley suprema del país, tal como ocurre con el Corán en las naciones islámicas fundamentalistas.
A mí nadie me obligó a casarme por la Iglesia conforme al culto católico. Lo hice porque soy católico. Sin embargo, no pretendo forzar a nadie a seguir mi fe, como tampoco lo hace, por ejemplo, Su Santidad el Dalai Lama. Chávez pretende obligarnos a creer su credo, suerte de culto bolivariano-socialista que nadie con un mínimo de cultura puede siquiera considerar. Será que mi iconoclasia natural me impide aceptar que Simón Bolívar era comunista y que congeniaba con Ché, o, peor, lo que Fidel Castro ha decidido que pensaba Ché. O que Zamora no era un incendiario, indignado con la autoridad de los Monagas porque no le pagaron el precio de un esclavo.
La comparación del ministro militar (me refiero al que dirige al estamento castrense, desde luego) con el culto católico explica la idea que el rey de este tinglado de la antigua farsa (como diría don Jacinto Benavente) tiene de la política y de cómo se dirige a un país. ¿Cuándo van a comprender los actores de esta tragicomedia de mal gusto que no pueden imponer su criterio? De hecho, su afán por decirnos que hacer y que creer dista mucho de un genuino modelo democrático. O, por lo menos, eso dijo, hace mucho, John Locke. Su visión de país se parece peligrosamente a las que el Duce italiano, el Führer alemán y el Padrecito soviético tuvieron para sus respectivos países. ¿O será que estoy en un mundo paralelo y que en esta realidad Hitler ganó, Mussolini no fue colgado de las calles de Milán como cochino en un mercado y que el camarada Stalin aún conserva su aura de padrecito? Tal vez despertamos, acaso un 7 de diciembre de 1998, en ese mundo Bizarro de las historietas de Superman.
Me pregunto entonces, como católico, ¿si yo impusiera a los jefes del proyecto bolivariano mi credo? ¿Qué pensarían si yo, por esas desgracias del destino, me encuentro al frente del gobierno y propongo el culto católico como credo obligado para todos los venezolanos? ¿Dónde quedarían entonces, los jerarcas de las otras Iglesias existentes en Venezuela? El socialismo que proponen estos “revolucionarios” es el anacrónico comunismo, que se comporta como credo dentro de un Estado teocrático, dirigido por unos talibanes semejantes a los jerarcas eclesiásticos iraníes. Por lo que me pregunto entonces ¿dónde quedan las otras ideologías y formas del pensamiento? O, acaso, ¿me equivoco?

domingo, 16 de marzo de 2008

África Latina

La información recogida en las computadoras de Raúl Reyes podría complicarle la vida a Chávez. Quizás por eso, hoy, mientras Juanes le cantaba a la paz, el comandante de la revolución descalificaba las pruebas procedentes de las laptops de Reyes. Sobre todo porque expertos de la INTERPOL analizan su contenido y, según la revista Semana (¿La prueba reina?, 03/15/2008), los peritos confirmaron que en efecto, pertenecían al guerrillero abatido y que su obtención se hizo conforme a la ley.
Como dijo Carlos Alberto Montaner, la reciente cumbre del Grupo de Río pareció una reyerta de muchachos durante el recreo escolar. El presidente Álvaro Uribe hizo graves acusaciones en contra de los mandatarios de Venezuela y Ecuador y un simple apretón de manos no puede acallar hechos de tal gravedad que arriesgan la estabilidad de todo el hemisferio. INTERPOL ya posee las tres computadoras. Hay que aguardar la sanción de los expertos para iniciar las actuaciones judiciales ante la Corte Penal Internacional. Sin embargo, el sistema interamericano puede y debe actuar de inmediato. La estabilidad de la región está en peligro y todas las naciones desde el Canadá hasta Argentina tienen la obligación de ver con seriedad las potenciales amenazas al hemisferio occidental.
¿Qué esperamos? ¿A que el continente padezca la suerte de los países africanos? Quien crea que esto parece exagerado, ignora la gravedad que supone la exportación de las revoluciones. Eso ocurre a diario en las naciones africanas. Gobiernos apoyan guerrillas de países vecinos, porque conviene a sus intereses.
La Segunda Guerra del Congo (1998-2003) revela la gravedad de lo que podría ocurrir en la región si no actuamos a tiempo. La Guerra del Coltán – como también se le conoce – incluye diversas fuerzas procedentes del propio congo y de países vecinos. Se cuentan en primer lugar, las tutsis, formadas por fuerzas regulares de los ejércitos de Ruanda y Burundi, así como milicias creadas por la etnia tutsi banyamulengue, y las fuerzas rebeldes llamadas Reagrupamiento Congoleño para la Democracia o RCD (dominadas por los banyamulengues). En segundo lugar, las hutus, integradas por los hutus, autores del genocidio de 1994, rebeldes burundeses que intentan derrocar a su gobierno, hutus congoleses y milicianos Mai Mai. En tercer lugar, las ugandesas, que involucran al ejército nacional ugandés y varios grupos apoyados por este país, tales como el “Movimiento de Liberación del Congo”. Y por último, las Fuerzas del gobierno de Kinshasa (Kabila), que incluyen al ejército nacional del Congo, grupos enemigos de los Mai Mai, y naciones aliadas como Zimbabwe, Angola, Chad, Sudán y Namibia.
Cien mil forajidos procedentes de las pandillas Maras ya son causa de inestabilidad para los Gobiernos centroamericanos. En el pasado, Castro, que ha embestido variadas veces con el mismo peñasco, intentó en vano exportar su revolución. Por eso, desde que tomó el poder, comenzó a organizar y promover guerrillas en América Latina primero a través de Che y, luego de su muerte, por otros medios. Apoyó u organizó grupos rebeldes en Guatemala, Nicaragua, Perú, Colombia, Venezuela y Argentina. Todas estas tentativas revolucionarias fracasaron pero en algunos casos, sentaron las bases de movimientos guerrilleros posteriores, como el nicaragüense Frente Sandinista de Liberación Nacional y los Tupamaros uruguayos.
Imaginemos que el gobierno venezolano, rector de uno de los mayores productores de petróleo del mundo, deseoso de internacionalizar su proyecto revolucionario, financie a las FARC (como lo sugieren las pruebas procedentes de la laptop de Raúl Reyes). La estabilidad del gobierno colombiano comenzaría a decaer en el mediano plazo. Sobre todo si el presidente venezolano corona su anhelo de gobernar en forma vitalicia. Sería cuestión de tiempo que otros grupos rebeldes cercanos al credo marxista del gobernante venezolano socavasen las bases de los gobiernos de Perú o México, para citar sólo a dos de las posibles víctimas. En especial si logra la cooperación del presidente ecuatoriano (al que las computadoras de Reyes también parecen incriminar), Evo Morales, Cristina Kirchner y, por qué negarlo, de algún eventual gobernante brasilero más osado que Lula Da Silva. No podemos despreciar la chequera del actual mandatario venezolano. Menos hoy, que el barril de crudo supera los cien dólares.
La OEA enfrenta un reto esencial. La próxima reunión de cancilleres, donde coincidirán Condolezza Rice y Nicolás Maduro (distanciados por la vasta experiencia académica y política que ella posee y que él carece), debe tratar el tema de la posible africanización del continente. A ninguno de los Estados miembros del sistema interamericano le puede convenir tal desgracia. Quizás Chávez o algún otro pichón de dictador al estilo africano crea conveniente tal desatino (porque un pueblo miserable resulta mucho más obediente que uno aburguesado y educado). Las acusaciones del presidente Uribe son tan graves que le exceden a él y a sus homólogos de Ecuador y Venezuela y los gobiernos serios de este hemisferio están obligados a evitar que mañana sea muy tarde.
Creo que Estados Unidos y Canadá deben retomar el ALCA e impulsar el desarrollo de las naciones latinoamericanas. Pero no por razones altruistas, que desde luego también son válidas y por supuesto bienvenidas, sino por razones de la seguridad interna de esos países. Las pandillas Maras surgieron de los inmigrantes ilegales que entran caminando a los Estados Unidos. Un muro no va a impedir eso ¡Por Dios! La única salida a estas desgracias es una alianza estratégica entre todas las naciones americanas que permita su desarrollo sustentable e impida el surgimiento de caudillos como el comandante de la actual revolución venezolana.

domingo, 2 de marzo de 2008

Basta de tanta irresponsabilidad

Esto parece el mundo Bizarro. Hoy, la senadora Piedad Córdova ha dicho que la eventual muerte de Ingrid Betancourt (si no lo está para este momento) sería culpa de Uribe. Entonces, si unos hampones retienen a los clientes de un Banco en un atraco y asesinan a todos o a uno, es responsabilidad del banqueo porque no se dejó robar. Esto es absurdo y ridículo, como lo es el minuto de silencio que Chávez le ofreciera al terrorista Raúl Reyes y el desplazamiento de tropas, aviones y para uno de contar, ordenado hoy en el show dominical que dirige al estilo “Sábado Sensacional”, nuestro führer criollo. Sin embargo, luce mucho más grotesco que las fuerzas vivas del país no hayan mandado a callar al señor Chávez como lo hiciera el Rey de España en la Cumbre Iberoamericana pasada. Sabemos que su alharaca es eso, producto de la desesperación porque Uribe está ganando la guerra contra la guerrilla colombiana.
Mañana lunes, el dólar seguramente abrirá en alza (probablemente muy elevado) porque al señor que por ahora ejerce la primera magistratura nacional al parecer le dolió más el asesinato de Raúl Reyes que las condiciones de vida en las que viven cientos de personas, secuestradas por las FARC, incluyendo muchos venezolanos. Me sorprende la irresponsabilidad colectiva ante una conducta tan imprudente que raya en lo criminal. Y mañana lunes, los anaqueles de los supermercados y bodegas populares continuarán desprovistas, los hospitales funcionando en condiciones en verdad precarias, el hampa desatada y el presidente, en vez de ocuparse de los problemas que enfrentamos, dedica el tiempo a ofrecer minutos de silencio por terroristas o inmiscuirse en un asunto que al fin de cuentas, corresponde a los gobiernos de Ecuador y Colombia solucionar.
Empresarios, sindicatos, gremios, pueblo en general y, desde luego, las Fuerzas Armadas estamos obligados a detener esta demencia en la que este gobierno (todo y no sólo el teniente coronel con ínfulas de héroe de la guerra federal) nos ha encausado. No basta tratar al jefe de la revolución como un loco (aunque no se le pueda decir que está enfermo), como parecen hacerlo sus ministros e incluso, ése que según Heinz Dieterich domina la nueva clase política y que no escatima esfuerzos para adular, el teniente Diosdado Cabello.
Basta de tanta insensatez. Esta ridiculez que resultaría hasta jocosa si no fuera por las desgracias implícitas, tiene que parar. A mi – y estoy seguro que a la inmensa mayoría de los venezolanos – nos importa un bledo la muerte de Raúl Reyes. Como católico, espero que de su alma se ocupe el Señor, porque Su justicia es perfecta. En lo que a mí concierne, exijo del gobierno venezolano responsabilidad y atención a las demandas que la nación hace. La ideología política de los personeros del gobierno bien se la pueden meter por el culo (yo sí puedo decirlo, porque ellos trabajan para nosotros, el pueblo de Venezuela), porque bien se lo dijo el electorado el pasado 2 de diciembre: no queremos esa parafernalia ideológica que no conduce a ningún lado, sino acciones serias que den respuesta práctica a las necesidades de los venezolanos. En lo que mí concierne, hagan obras porque el reloj corre y, pese al desagrado del caudillo, en enero del 2013 deberá entregar su cargo… Ojalá y entonces, obremos responsablemente.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Lina “Frankenstein” Ron

Cada vez que escucho a los jóvenes (y otros no tanto) hablar de socialismo, de “nuestro comandante en jefe” y esas otras pendejadas que se les escuchan a quienes defienden al movimiento que lidera el caudillo criollo, lo más parecido al führer nacionalsocialista que ha pasado por Miraflores, siento coraje. Me enfurece ver como en una sociedad como la actual aún se hable de ideologías.
Lina Ron protagonizó un espectáculo triste en las afueras del arzobispado caraqueño. Su discurso, pobre e ignorante, reducido a una visión demodé de la política y la forma de ver el mundo después de muertas las ideologías. Hablar de socialismo es idiota. Así de simple. Sobre todo cuando restan sólo dos naciones “socialistas-marxistas”, y una de ellas puede que pronto se deje de eso. De más está decir que hoy, las dos engordan las filas de los países más pobres del planeta y que sus gobiernos distan mucho de respetar las mínimas instituciones democráticas. Me pregunto, ¿dentro del discurso atávico de Lina Ron se advierten valores democráticos? Allá ella si prefiere ser tratada como un soldado raso, ¡yo soy civil y me resisto a ser tratado como un soldado dentro de un cuartel!
Las ideologías no aportan soluciones si no se entienden como herramientas. El PSOE español se ha valido de principios liberales para generar prosperidad a las masas más pobres de España. Y el PSOE está inscrito dentro de la Internacional Socialista (como lo está Acción Democrática). Hay que decir que la derecha europea y estadounidense se ha servido de mecanismos propios de la izquierda con el mismo fin. Imponer uno u otro credo, como lo hacen Chávez y las criaturas al estilo de Frankestain que ha creado, no difiere de los gobiernos teocráticos fanáticos.
Las Starmabteilung dirigidas por Ernst Röhm se transformaron en la criatura que Mary Shelley inventó en su obra Frankenstein. Mussolini y, en principio, la Falange española contaron con sus fuerzas de choque. Algo muy parecido a las fuerzas de choque que lidera Lina Ron. Acaso la más fascista entre todos los seguidores del comandante de esta desventurada revolución. Quizás y el propio führer criollo se vea obligado a hacer la misma matanza (ojalá en sentido figurado) de la noche de los cuchillos largos. Tal vez la señora Ron ignore de lo que estoy hablando. Pero no por ello está a salvo de algo tan brutal como artero.
El culto a un líder, como éste que Chávez pretende le rindamos, se comporta igual que un credo. De hecho, Lina Ron parece persignarse cada vez que nombra al comandante, como nosotros los católicos, al referirnos a Dios. Como creyente me resulta repugnante una idolatría así a un hombre, máxime si adolece de tantas imperfecciones como el jefe de la revolución.
Gobernar es un oficio y no la práctica de algún culto. Por eso, las ideologías son sólo las herramientas pero jamás el fin del Estado (o del gobierno, porque no son lo mismo). Eso es lo que Chávez desea para Venezuela… una ideología imperante que, sobre todas las cosas, le rinda a él un culto propio de los dioses del panteón romano.

viernes, 15 de febrero de 2008

Los niños de Bullenhuser

El 20 de abril de 1945, el día que Hitler celebraba su cumpleaños 56, veinte niños judíos fueron asesinados por órdenes del doctor Heissmeyer y el SS-Obersturmführer Arnold Strippel. Ninguno de ellos superaba los doce años. El propósito de algo tan pavoroso era ocultarle a las fuerzas aliadas el horror que le hicieron vivir a esos niños.
Los niños, testigos del asesinato de sus padres y parientes, sirvieron como conejillos de indias en los estudios del doctor Heissmeyer. Les extirpó las glándulas linfáticas y luego les inoculó la bacteria de la tuberculosis. Al momento de su asesinato, la condición de los niños era deplorable. Tanto, que los agentes de la SS debieron halar los cuerpos para que la soga pudiera ahorcarlos. Su peso era insuficiente para estrangularlos.
Éste no es más que otro de los muchos episodios espantosos protagonizados por judíos en los campos de exterminio nacionalsocialistas. Han transcurrido casi 63 años desde la muerte de los niños de Bullenhuser y aún hoy nos conmueve semejante atrocidad. Pero resulta más aterrorizador el hecho de que los seres humanos sean capaces de atrocidades semejantes.
Los regímenes que celebran la muerte en honor a un eventual futuro glorioso exacerban conductas terribles, como las de esos oficiales de la SS en Bullenhuser. Las frases como “iba matando canallas con su cañón de futuro” o “patria, socialismo o muerte” no dejan nada venturoso en el espíritu humano. Infunden en cambio, odio y resentimientos hacia otros por el simple hecho de disentir. Loan la violencia innecesaria y la estupidez del hombre, que, en efecto, ha usado buena parte de su inventiva para torturar o asesinar a sus semejantes.
El asesinato de los niños de Bullenhuser demostró además que Heissmeyer y Strippel sí reconocían la criminalidad de sus actos y, por ello, ocultaron las evidencias de sus crímenes. Quizás hoy, nadie en su sano juicio defienda al régimen nacionalsocialista alemán (1933-1945), aunque sea sólo porque es políticamente incorrecto. Las razones de algo tan monstruoso sin embargo, sigue vigentes. Quienes celebran la muerte, como lo viene haciendo desde hace nueve años nuestro folklórico caudillo - o führer, que es lo mismo -, envenenan la razón de aquéllos contagiados de sus delirios. O, ¿no fue por eso que los alemanes descargaron sus resentimientos y rabias en el pueblo judío? La Noche de los Cristales Rotos fue sólo el comienzo.
Los sacristanes de todo falso redentor irremediablemente caen en cuenta de su proceder criminal. Claro, al momento de derrumbarse sus credos. Porque, a pesar de lo que creen los atrabiliarios, la sensatez siempre acaba por imponerse, aunque sea de muy mal modo. Y no lo digo yo, sino la historia.

jueves, 14 de febrero de 2008

El último golpe de Estado de Chávez

Hugo Chávez no es estúpido. Las últimas semanas, no obstante, se ha comportado con torpeza pasmosa. Por alguna razón que desconozco, desde luego, se ha apartado de la realidad. Seguramente, inmerso en sus delirios de prócer, comprende que sus seguidores parecen mucho más atentos a gozar de su reciente aburguesamiento que de satisfacer sus demandas, ciertamente delirantes. La confianza que acaso pudo tener en algunos de los hombres de su reino se ha desvanecido. Basta ver el show que Elías Jaua le organizó en Barquisimeto y que causaron tanto coraje en el caudillo. Claro, si son ciertos los runrunes de Nelson Bocaranda.
Juan Barreto y Freddy Bernal se suman al muro de los lamentos bolivarianos, repleto de críticos mudos que no se atreven a alzar la voz. Silentes, temen la corajina del jefe, pero saben que su permanencia en Miraflores no puede prolongarse mucho más, porque todo aquél con dedos de frente suficientes sabe, o por lo menos intuye, que la sensatez siempre acaba imponiéndose, aunque sea de muy mal modo.
Supongo que el comandante, creyéndose la reencarnación del mariscal Erwin Rommel o del mismo Napoleón Bonaparte, diseñará en sus delirios una estrategia militar infalible que le permitirá avanzar hacia su más preciado norte: perpetrarse en el poder. Tal vez él sí sabe lo que hace y, en efecto, logre su objetivo. Pienso, sin embargo, que las condiciones domésticas e internacionales ahora no le son favorables. Su popularidad se ha desplomado, como si fuese uno de esos castillos de naipes. O, eso, en todo caso, dijo Luís Vicente León. Y conste que el director de Datanálisis no ha sido particularmente dado a complacer las apetencias opositoras.
La imprudencia del comandante con respecto al caso colombiano – ofensas al presidente Uribe y amores melosos con las FARC – es de tal magnitud que la única explicación posible es que su objetivo no es otro que forzar a Bogotá a actuar en contra suya. Así no podrán decir, como sí del dictador argentino, que él no fue el agresor, creyendo que los demás son idiotas… ¡Idiota aquél que cree que los demás lo son!
Meses antes del referendo, sus intervenciones en los foros internacionales fueron pobres y, sin lugar a dudas, demostraciones fehacientes de su trayectoria inquebrantable hacia la derrota. El triunfo de la oposición – cuyo único objetivo era contener la reforma del texto constitucional – lo descalabró. A pesar de las defensas de sus alcahuetas, su tono destemplado y sus ofensas hacia la oposición y, sobre todo, hacia sus electores enseñan lo que muchos ya sabíamos desde hace tanto: Chávez carece de vocación democrática y su proyecto poco tiene que ver con las mejoras sociales.
Al parecer, la nación venezolana al fin comprendió que el derrotero que él persigue dista muchísimo de lo que los venezolanos desean. El 2 de diciembre pasado, el país le dijo al presidente que cumpliera el cometido para el cual le dieron su voto: gobernar. Y eso significa resolver los problemas graves que aquejan a las personas de este país. Sin embargo, son otros sus empeños y serán entonces otras las consecuencias de su miopía para ver que nadie conspira contra él… sólo él.