sábado, 13 de abril de 2019

Una transición factible


            
Venezuela colapsó. Afirmar esto es redundante, desde luego. A diario, cada uno de nosotros sufre las consecuencias de la catástrofe creada por una élite que irresponsablemente optó por descalabrar la economía y la infraestructura nacionales. El desempleo se acerca a la mitad de la población. Alrededor de medio centenar de empresas cierran diariamente, con la resultante destrucción de empleos… y contando.
Huelga enumerar el desastre que la élite regente ha generado en estos veinte años. Sin embargo, ante el fracaso estridente del proyecto socialista (sin importar el epíteto que le endosen para ocultar al mismo modelo fracasado de siempre), Maduro y sus conmilitones se niegan a entregar el poder. No espero que de buena gana lo hagan. Salta a la vista que en su afán por entronizarse (y enriquecerse, no lo dude siquiera un instante), se han asociado con gente de la peor calaña. Desde dictadores hasta delincuentes… ¿o debería decir solamente delincuentes?
El régimen de facto de Nicolás Maduro ha logrado sobrevivir reprimiendo, torturando y obrando con una crueldad comparable solo a la de tiranos terribles. Con un apoyo que no alcanza el 15 %, y que bien podría resumirse en la izquierda más radical que en Venezuela no superó jamás ese porcentaje en los procesos electorales celebrados entre 1958 y 1998 (Fuente: «Diccionario de Historia de Venezuela», editado por Fundación Polar), aún pervive y controla buena parte de las instituciones.
No sería responsable afirmar que de esta desgracia salimos fácilmente. Como las dictaduras de nuevo cuño, la venezolana se cimienta sobre un partido hegemónico, que domina las instituciones, así como en la capacidad de reprimir, bien mediante los cuerpos de seguridad del Estado, incluyendo al ejército, o a través de organizaciones paramilitares (en el caso venezolano conocidas como «Colectivos»). Cuenta además con alianzas estratégicas con otras potencias autocráticas, como lo son Rusia (dominada por ese nefasto personaje que es Vladimir Putin), China (que del comunismo solo conserva la terrible dictadura impuesta por Mao), Irán (una teocracia inaceptable en el mundo moderno) y desde luego, ese reducto intolerable que es el régimen cubano.
No quiero decir con esto que estamos irremediablemente condenados a la dictadura de Maduro o del chavista-comunista que le suceda (si llegase a ser el caso). Solo digo que no es fácil. Aún subsisten condiciones que favorecen a la élite, como lo son las ya citadas, así como otras atribuibles a la oposición (entendida como un todo), entra las que descuellan el agotamiento de las tácticas planteadas y el choque de egos.
Al parecer, la oferta de una ley de amnistía y la potente presión internacional han sido insuficientes para avivar el deseo de cambio en sectores determinantes para que este tenga lugar. No solo a los militares, que no ven en el liderazgo opositor la capacidad necesaria para emprender las reformas, sino también a los chavistas, que ahora opositores (o que llegaran a serlo más adelante), temen una cacería de brujas. Poco se habla de ello pero no es menos cierto, ni importante, que tanto como en el chavismo (y el chavismo disidente), en el sector económico hay igualmente grupos a los que podría resultarles poco atractiva la transición.
A todos estos grupos – sobre todo lo militares que controlan una importantísima suma de dinero (alrededor del 10 % del PIB) - les desfavorece el tiempo. Si aguardan mucho para prevalecer sus intereses, el colapso, que es inminente, bien podría arrollarlos. Dudo mucho que nadie en esos grupos vaya a inmolarse por Maduro (Chávez y la revolución), aunque aún no actúen decididamente en favor de la transición. Creo por ello que es ahora el momento propicio para asegurarles un mínimo de garantías, aun cuando a muchos les cause asco e indignación. Lamentablemente, en estas transiciones, embarrarse de mierda es inevitable. Al fin de cuentas, la política supone concesiones.
Maduro no está en capacidad de ofrecer financiamiento ni estabilidad económica. En cambio, la presencia de Ricardo Hausmann en el Fondo Monetario Internacional asegura el desembolso de la ayuda milmillonaria que requiere el país (de hecho, ya ha venido trabajando en ello desde hace tiempo). La élite regente no quiso en su oportunidad ni puede ahora corregir los graves problemas estructurales que hoy se traducen en apagones, falta agua y la pésima prestación de servicios básicos… Maduro y sus conmilitones ya no pueden asegurar la gobernabilidad del país, con lo cual arriesgan muchos intereses ante la posibilidad de un caos generalizado. En cambio, el Plan País (cuyo desarrollo no es un trabajo improvisado) prevé mecanismos para corregir estas fallas en un plazo razonable.
La oposición no solo cuenta con un proyecto de país realizable, sino además, y casi tan importante como lo anterior, con un líder fresco, un hombre joven que sin arrastrar los pecados, reales o inventados, de buena parte del liderazgo político, ha calado en la ciudadanía con vigor, con fuerza suficiente para presidir una transición que sin lugar a dudas no va a ser fácil ni armoniosa.
Puedo errar, pero creo que es hora de ir a por el todo. No significo con esto que haya una salida exprés a la crisis, porque, desgraciadamente, no la hay. Quiero afirmar, por el contrario, que las negociaciones con los actores decisivos no solo no pueden esperar, sino que además, debe resultarles atractiva para que lo inevitable, como lo es la caída de Maduro y el proyecto revolucionario, ocurra lo antes posible, y con ello, ahorremos más dolor del que ya nos ha costado esta pesadilla. Supone esto, abandonar posturas draconianas y aún más, los egos abultados y las ambiciones descontroladas que puedan tener algunos personajes en este tinglado, que para tantos nos está resultando trágico, ciertamente intolerable.

miércoles, 3 de abril de 2019

El fin último de la mal llamada Constituyente


            
La mal llamada Asamblea Nacional Constituyente ha sido desde su instauración en julio del 2017 objeto de polémicas. Como ha ocurrido desde la llegada del chavismo al poder en 1999, se cuece en una marmita inmunda el discurso falso de la élite regente, donde la mentira ha impregnado unas pocas verdades. Para ello, tal y como lo describe el insigne escritor británico George Orwell en su obra «1984» (recogiendo, sobre todo, el avasallante aparato de propaganda nazi), palangristas del derecho y de otras profesiones se han prestado para mostrar una realidad que más parece un tinglado que el escenario verdadero de la cotidianidad ciudadana. Son ellos «juristas del horror», que tanto como aquellos nazis, crean una falsa juridicidad para justificar las satrapías de una élite cuyo único objetivo es mantenerse en el poder.
            Origen ilegítimo
            Si bien es cierto que la Constitución prevé la posibilidad para que el presidente de la República convoque a una constituyente, y que pueda incluso usar el término «convocar», es obvio que, tratándose de una transformación de Estado y la redacción de un nuevo «contrato social», debe consultarse al pueblo (detesto este vocablo por la connotación populista que su abuso ha causado pero en este caso, es el apropiado) para que sea este quien decida si desea o no dicha transformación. En este sentido, se obvió pues, la consulta que debió realizarse al electorado en un referendo, y por ello, su origen es ilegítimo.
            Fraude a la ley
            Su verdadero propósito ha quedado expuesto con las acciones (ilegales) que desde su instalación ha venido desarrollando el ente espurio, ese concilio del Psuv, como, por ejemplo, haberle despojado al electorado del gobernador que en unas elecciones libres se dieron los zulianos, a mi juicio, una de las más graves. Hay otros más… muchos más.
            Salta a la vista que su propósito no es la redacción de un nuevo texto constitucional (como no lo era el amparo interpuesto por los candidatos perdidosos del Estado Amazonas en las elecciones parlamentarias del 2015). Al menos, no es su fin cardinal. Lo es, sin lugar a dudas, la usurpación de funciones atribuidas constitucionalmente al Poder Legislativo (y otros poderes públicos), lo cual constituye pues, fraude a la ley, como lo fue, igualmente, la sablista enmienda constitucional planteada en el 2009, luego de ser rechazada la reforma constitucional proyectada por la élite en el 2007, que contemplaba la reelección indefinida del presidente, en tanto que la constitución de 1999 prohibía volver sobre ese asunto durante ese período.
            Ilegitimidad de desempeño y usurpación de funciones
            Allende la ilegitimidad de origen señalada en el párrafo precedente, ese ente, ese adefesio jurídico, está la ilegitimidad de sus actos. Al atribuírsele potestades supraconstitucionales se ha abolido (de facto, porque no lo puede hacer de iure sin sodomizar al Estado de derecho) el orden democrático y la necesaria separación de poderes previstos en la constitución aún vigente. Si ese organismo (ilegítimo) trasciende al orden constitucional imperante y se ubica jerárquicamente por encima de los cinco poderes contemplados constitucionalmente, estaríamos ante la dictadura clásica (como la que se le reconoció a Miranda luego de la invasión de Monteverde en febrero de 1812 y la que le fue otorgada al general Páez el 10 de septiembre de 1861, considerada infeliz aun por el propio Páez). En este caso, por tratarse de un ente colegiado, sería pues, una dictadura colegiada. Sin embargo, no por ello pierde el carácter dictatorial en tanto que tal y como la concibe la élite, ejerce la autoridad sin controles de ninguna naturaleza (pudiendo anular, si así lo quisiese, decisiones del Tribunal Supremo de Justicia que en principio, y recalco este vocablo, es el último garante del Estado de derecho).  
            Las variadas decisiones adoptadas por esa entidad han sido tomadas arrogándose funciones que de acuerdo al orden constitucional vigente, son atribuidas a los poderes públicos, y, sobre todo, al Poder Legislativo. En este sentido, usurpa la autoridad de diversos órganos del Estado y, por mandato expreso de la ley, sus decisiones son nulas y carecen de efectividad jurídica. Así las cosas, las designaciones del Defensor del Pueblo, del Fiscal y del Contralor son inexistentes y por lo tanto, las personas que ejercen esos cargos lo hacen igualmente usurpando la autoridad atribuida a otros funcionarios cuya destitución tampoco compete a ese conclave de militantes del Psuv, de la izquierda retrógrada que desde siempre ha buscado imponer en Venezuela ese modelo infame que ha impuesto en Cuba ese reducto de indignidad que es el régimen comunista de La Habana. Otras actuaciones, como aprobar el presupuesto de la nación y la Memoria y Cuenta del Presidente, son asimismo nulas, porque no puede arrogarse esas atribuciones.
            Obra pues, ese ente, como una autoridad de facto, con lo cual no solo lo hace como lo haría un dictador, sino que además, lo hace sin tener asidero jurídico alguno que legitime sus decisiones. Su desmantelamiento es, consecuentemente, un mandato constitucional en tanto que usurpa la autoridad que, de acuerdo a la constitución vigente, recae sobre órganos del Poder Público legítimamente constituidos.
            El falso protagonismo y carácter supraconstitucional del pueblo
            Para los defensores de la supremacía popular, base de la tesis intragable según la cual el mal llamado Poder Constituyente posee facultades supraconstitucionales, el pueblo – y en este caso se hace uso del término demagógicamente – está por encima de la constitución (como lo ha dicho el conductor del programa Doctor Político, transmitido por RCR 750), lo cual no solo es falso, sino un exabrupto jurídico (eufemismo para no llamarlo disparate).
            En primer lugar, el propio texto constitucional prevé que su normativa obliga por igual al poder público como a los ciudadanos. La razón de esto pivota en segundo lugar sobre las causas por las cuales a la constitución también se le conoce como «contrato social». Si asumimos las ideas de Jean-Jacob Russeau sobre la relación del Estado con sus ciudadanos y de estos entre sí (planteadas en su obra «El contrato Social», 1762), resulta evidente que una de las partes no puede estar por encima de este, aunque pueda sugerir y acordar su modificación (dentro de las reglas previamente previstas para ello en el propio contrato social). Suponer eso supone la presencia de un Estado tumultuario, como ese que instituyera Benito Mussolini en la Italia fascista y que, como bien reseña Umberto Eco en uno de los artículos recogidos en su obra «A paso de cangrejo», se basaba en la congregación de muchedumbres (no cuantificables) en la Piazza Venezia de Roma para tomar decisiones en nombre del «pueblo».
            Conclusión
            El proyecto revolucionario, que lo es y por ello avanza sin miramientos en la legalidad y el Estado de derecho, ha ido pervirtiendo la juridicidad con argumentos vagos, cuando no genuinas falacias. No es casual esto, en tanto que, revolución al fin de cuentas, pretende, en primer lugar, alterar el estado de cosas hasta transitar del orden democrático imperante desde 1958 hasta otro socialista. Para ello, y es este el complemente de lo anterior, debe permanecer el poder a como dé lugar, y, por ello, adecúa caprichosamente la legalidad para favorecer este último cometido, que, a la postre, termina siendo el único.
           

martes, 30 de mayo de 2017

Del fatalismo y la racionalidad

… si no cometieran errores, no serían humanos y, por ende, hace rato que esta desgracia habría terminado.
Pareciera que en el universo opositor, que es amplio, algunas voces apuran su discurso para descalificar y, en todo caso, augurar fracasos de la MUD. Con tediosa tozudez, no ceden su empeño por comparar a Venezuela con Cuba y de repetir, hasta aburrir, que vamos hacia ese desatinado destino. Que no se avizora en el corto plazo una salida a este desacierto histórico.
No voy a afirmar que el liderazgo opositor no ha errado antes. Pero, vale decir, si no cometieran errores, no serían humanos y, por ende, hace rato que esta desgracia habría terminado. Sin embargo, son hijos de Dios, como cualquiera. Cabe indicar, no obstante, que innumerables analistas muy respetables concuerdan sobre la agonía del régimen de Maduro y del trabajo que ha venido realizando el liderazgo opositor en la defensa de la democracia venezolana.  
María Corina Machado, Leopoldo López y Antonio Ledezma tenían razón en el 2014. Su argumento, desde un punto de vista filosófico, era válido. Respondía a la esencia de un régimen autocrático. Sin embargo, en ese momento, resultó desacertado. No había entonces el apoyo internacional que hoy nutre y vigoriza a la MUD. Podría decirse que tuvieron razón en el fondo, e incluso en el medio; pero equivocaron el momento.
A partir del 2015, cuando la impopularidad de Maduro se robusteció, y el electorado prefirió apoyar con su voto a la MUD en las elecciones parlamentarias de ese año, la élite chavista no vaciló para manipular a las instituciones – a los hombres leales que había colocado ahí con ese perverso propósito – e ir desarticulando más allá del Poder Legislativo, a la democracia venezolana para transitar hacia un modelo comunista. Hoy por hoy, nadie duda para tildar de dictador a Nicolás Maduro.
El sucesor de Chávez destruyó la ceguera popular que sobre esta revolución logró crear el caudillo barinés. Según lo refieren las encuestas, 85 % de la ciudadanía rechaza a Nicolás Maduro y lo responsabiliza por la precariedad imperante. Del chavismo duro, ya apenas resta un 7 %, y otrora funcionarios chavistas se han ido sumando a las críticas que sobre la constituyente sectorial se han hecho desde diversos estrados, propuesta que, dicho sea de paso, cuenta con un rotundo 70 % de rechazo. Esos números son demoledores.
Fernando Mires escribió recién que los escenarios van construyéndose. Que la dinámica de los sucesos impide asegurar un curso determinado. En este momento, sin embargo, la MUD cuenta con mejores recursos para imponer su agenda. Al gobierno le va quedando tan solo reprimir e ir apartándose cada vez más – y con mayor descaro – del orden constitucional. Hay que decirlo, no lo hace porque puede hacerlo, sino porque carece de otras opciones. No obstante, la relación costo-beneficio se está haciendo insostenible para el Psuv, y es muy probable que más temprano que tarde, abandone a la élite, como en efecto, parece estar ocurriendo.

No voy a augurar caídas, porque, ya lo dijo Mires, la dinámica de los eventos puede dar un giro inesperado; pero la MUD luce fortalecida dentro y fuera del país. Además, el hastío popular es un combustible muy peligroso, que de estallar, obligaría a la Fuerza Armada a reprimir con mucho más saña de la que ya ha mostrado. Si Sebastiana Barráez no yerra en sus apreciaciones, ya el descontento dentro de los cuarteles sugiere la posibilidad cada vez más plausible de un pronunciamiento, que, no dudo, lo encabezaría el propio ministro Padrino, como ya lo hizo antes el general Lucas Rincón Romero, arrinconado por un ejército asqueado.  

lunes, 22 de mayo de 2017

Tiempos extraordinarios

El grave error de los líderes es confundir la necesaria guía con las odiosas órdenes. La sociedad no es un matacán ni son los ciudadanos, soldados.
Sé que muchos van a criticar estas palabras. Algunos incluso lo harán ofensivamente. Sin embargo, debo decirlo, no son estos tiempos ordinarios. Un importante número de personas, entre ellas intelectuales de renombre, plantean frases que más allá de ser estribillos sonoros, no responden a las necesidades de una ciudadanía desesperada. Para algunos analistas, cuyos ingresos mensuales les permiten campear la escasez con la comodidad que otros no, hay que seguir los lineamientos pautados por la MUD, «porque ellos lo están haciendo muy bien». No se trata del desempeño de un empleado. Soberbios y creídos de sí mismo, desdeñan las penurias de quienes el futuro se les ha reducido a la inmediatez. Obvian la desesperación del que se ve, muy pronto, compitiendo con otros por la basura. No son días ordinarios, y esa gente exasperada es la que ha sacrificado más: sus hijos han muerto o han sido apresados, el dinero ya no les alcanza para nada y en muchos casos, la muerte es un zamuro que revolotea cerca de sus casas por la falta de medicinas.
Comprendo perfectamente bien el trabajo desarrollado por el liderazgo opositor, y lo celebro; pero este no puede aspirar a guiar una manada de párvulos, a los que se les ordena qué hacer, dónde y cuándo. No, así no funciona. Así no va a funcionar. La razón es muy simple: esa gente va a ignorar a la MUD, al gobierno y a quien sea que se les atraviese. Como un toro rejoneado, embestirá con la brutalidad de quién ha sido la víctima principal de una masacre que ya cuenta dieciocho años. No olvidemos, no son solo los más de cincuenta ciudadanos asesinados recientemente. También suman los que ya ofrendaron sus vidas antes y los que anónimamente han ido engordando las cifras de muertes, bien sea por el hampa común o por el deterioro de la salud pública. La MUD debe comprender que esa gente no va a seguir instrucciones, ni va ser carne de cañón para acuñar las aspiraciones de este o aquel. Esa gente quiere respuestas. Y las quiere ahora. Su vida ya es tan hostil que su futuro se acorta al día de mañana. A saber si mañana podrá llevar comida a su mesa o si podrá hacerse el tratamiento médico que le mantiene vivo.
¡Carajo, no me jodan! La ciudadanía ha sido sodomizada por un gobierno espurio, por una élite que ha limitado toda la actividad política a una sola cosa: quedarse a como dé lugar en el poder, porque para algunos, lo que realmente está apostándose no es un proyecto político. Escuché a connotados hombres asegurar que el revocatorio estaba blindado, y sin embargo, naufragó como el invencible Titanic, que ni Dios podía hundir. Mientras el CNE asesina cualquier elección que no les asegure el triunfo y desde el TSJ se masacra a la Asamblea Nacional electa por el voto popular, cada vez más ciudadanos se reúnen junto a contenedores de basura para hurgar algo qué comer, o más personas ven a sus familiares morir porque el médico no puede hacer nada más que acompañarlas a orar, a ver si Dios obra el milagro. ¡No, carajo! No se trata de párvulos en una escuela. Se trata de gente que sufre a diario, que día tras día es ultrajada sin piedad por un gobierno tiránico, con lo que supone, desde luego, ser tal cosa. No son soldados en un matacán. ¡Son ciudadanos, coño, que no solo exigen respuestas del liderazgo, sino que además, tienen el derecho de hacerlo!
Sé que debe haber diálogo. Desde luego no con esta élite, que solo busca embelecar porque ya su apuesta sobre la mesa es impagable; pero sí con los demás factores de poder. Con los empresarios, con los sindicatos, con los gremios profesionales, con los gobiernos del hemisferio y del viejo continente, con la Iglesia y los demás credos, con la Fuerza Armada y aún con los sensatos dentro del Psuv. Sé que debe haber diálogo, pero no para asegurarle a Maduro su permanencia en el cargo hasta el 2019; porque de hacerlo, aun con las mejores intenciones, la MUD será juzgada como lo fue el gobierno de Vichy, que le entregó Francia a los nazis. El gobierno revolucionario debe cesar ya. Como a Pedro, el niño del cuento ruso, ya no es posible creerle sus embustes a la élite, que habla de paz solo para sojuzgar y domeñar. Que acusa a la oposición para endilgar a otros la violencia que su propia conducta ha forjado. Hoy por hoy, no hay otra discusión posible sino la terminación inmediata de la revolución y la transición de esta dictadura militar a una democracia civil.
El liderazgo opositor debe asumir que el gobierno va a hacer todo lo que necesite, legal o no, para sostenerse aún más allá del 2019, porque su proyecto contempla la hegemonía de una élite y la imposición de un pensamiento único. ¡Su proyecto es una dictadura socialista y comunista! Además, debe aceptar que por las razones que sean (errores pasados de los que ya solo queda aprender), la ciudadanía desconfía de los políticos, y, como el tigre herido, no distingue futuro en la niebla de todas las bombas descargadas para reprimirla. Es una fiera enardecida que embiste irracionalmente. El trabajo de la MUD es pues, guiarla – y no mangonearla – para que materialice sus aspiraciones.
La salida no es la que necesitan los líderes, sino la que la ciudadanía exige, porque, lo diga la Constitución o no, es esta la que en efecto manda.


lunes, 10 de abril de 2017

Full Monty

Resultado de imagen para grabados antiguos peleas Expresión inglesa de origen incierto, usada para significar un esfuerzo que amerita hacer uso de todo lo necesario, posible y apropiado para lograr un fin. En Estados Unidos se utiliza la expresión «The whole nine yards» (todas las nueve yardas). Suele emplearse en partidas de póquer, cuando se apuesta todo.

En estos días, un vocero del régimen arguyó que solo las elecciones presidenciales eran obligatorias. «No me ayudes, compadre», parece decirle algún viejo compañero del partido, porque ayudas como esa no son ayudas. Sobre todo, cuando el hedor a dictadura rezuma como el agua de un albañal obstruido.
            La represión parece buscar lo que en otras ocasiones le ha servido a la causa revolucionaria: endosar la violencia a quienes son víctimas de una élite, cuyo único propósito es aferrarse al poder para imponer un modelo absurdo que empobrece a las mayorías y enriquece a unos cuantos. La violencia tuvo su origen en la negación del referendo revocatorio, de la omisión de unas elecciones que ya debieron haberle entregado la mayoría de las gobernaciones a la MUD y desde luego, del uso de las instituciones para desconocer al Poder Legislativo y desde luego, los 14 millones de votos que la eligieron en diciembre de 2015.
            La violencia tuvo su origen en la conducta que ha perpetrado – sí, perpetrado – la élite chavista desde que Chávez llegó al poder en 1999: lo ancho para la élite, lo estrecho para los demás.
            Hoy por hoy, cuando la OEA acusa, el régimen muestra su talante verdadero. Tal vez crean que pueden pagar el precio, y que como Cuba, pueden aislarse; pero obvian que Venezuela no es una isla y Cuba, sí. Quizá no le quede de otra. Por variadas razones, unas menos confesables que otras, perder el poder es un lujo que no pueden pagar. Y desde luego, porque ya lo dijo un diputado en el parlamento, reconocido a medias y solo formalmente, ellos no negocian. Y yo lo sé. Para un revolucionario, negociar, transigir y dialogar resulta herético. Un pecado mortal.
            Si me preguntan, creo que la élite se está jugando el full monty, el todo o nada. Y si es nada, al menos salen victimizados. Nadie recuerda el desastre que impuso Allende a los chilenos. Solo la amarga consecuencia y su muerte; un suicidio, que hizo del médico un mártir del comunismo.
            No creo que sean estúpidos. Su análisis de la realidad les ha forzado a correr más allá de la legalidad. Saben que son minoría y recurren al embuste, a la lástima y muchas otras falacias para disfrazar sus argumentos. Juegan rudo, porque saben que están contra la pared y la espada de su enemigo aprieta su garganta. Como las ratas, que no ceden ni al verse acorraladas, tiran dentelladas… y puede que les funcione. 

Desazón

Resultado de imagen para grabados antiguos hombres atormentados Las moscas lo acosan. El hedor a su alrededor no cesa. Enciende sahumerios para aminorar la fetidez. Las sombras lo intimidan. Espectros aparecen. Lo atormentan. Su día empezó mal. Va para peor. Mucho peor. Quiere huir. Sin embargo, los demonios no le dejan. Lo azuzan y, a veces, lo fustigan con látigos. Hieren su carne para que entienda. Para que acepte que él ya no es libre. Que el poder es su cárcel. Y como todo preso, como todo esclavo, siente la soledad como un cepo, que además lacera su piel hasta abrir llagas purulentas.
            Sus carceleros lo humillan. Se mofan de él. Y puede que, mirando la ciudad desde el ventanal de su palacio, desnudo, porque no hay ropajes que puedan cubrirlo; se vea tal cual es, deforme, contrahecho, como lo es también su alma. Como lo es el alma de quien se la vende al diablo. Tal vez llegue a llorar, y, acaso, a maldecir su suerte. Mientras, desde las tinieblas de la muerte, emergen voces para acusarlo, para imponerle, y ya no sabe cómo huir de esas palabras fantasmales.
            Sonríe porque es más fácil mentir. Reconoce en ese recoveco íntimo, donde no hay modo de engañar, que su infierno es suyo y que él lo compró. El lujo no mitiga las punzadas penetrantes del arpón ni las laceraciones profundas de la guadaña. Hinchado por el lujo, no logra saciar su hambre. Solo engulle, más por hábito que por deseo. Y a ratos, vomita sus miserias y en el alfombrado, deja a sus pies emplastos gusanosos. En su boca rezuma el sabor acre y en arcadas dolorosas, sus tripas intentan arrojar lo que pudre su alma.
            Deambula por los corredores de su palacio, arrastrando sus culpas, sus pecados; que pese a negarlos y negárselos, le aguijonean sin piedad ni descanso. Deambula por los cuartos abandonados de su palacio, y pese al boato que le envuelve, solo ve niños hambrientos que en la basura buscan comida. No, no domeña su mente a ese intenso vacío que le recuerdan quién es… o qué es. 

jueves, 6 de abril de 2017

¿Traidores?

Resultado de imagen para imagenes OEAEl gobierno, por medio de palangristas de diversas profesiones, pretende crear una matriz de opinión para exponer a los diputados y a voceros opositores como traidores, por exigir la aplicación de la Carta Democrática Interamericana. Sobre esto, señalo algunas cosas:
1.      La CDI no implica invasión alguna al territorio nacional. Es un instrumento que prevé pasos para superar alteraciones del orden democrático por vías diplomáticas y en todo caso, jamás por medio de la intervención militar.  
2.      La CDI es un acuerdo suscrito y ratificado por Venezuela y por lo tanto, es ley de la República y de aplicación directa por los jueces venezolanos (Art. 23 CRBV).
3.      La CDI es el primer instrumento internacional que reconoce a la democracia como un derecho humano.
4.      Los diputados y los voceros opositores han acusado ante el ente hemisférico, del cual Venezuela es parte; que el gobierno se aparta cada vez más de las instituciones democráticas, y que ha llegado, incluso, a la ruptura del orden democrático, como ha quedado en evidencia no solo con las sentencias 155, 156, 157 y 158 de la Sala Constitucional del TSJ, sino todas aquellas que a lo largo del 2016 despojaron a la Asamblea Nacional de sus funciones, reduciéndola a un mero formalismo.
5.      La conducta antidemocrática y la ruptura del orden constitucional ha sido acusada por diferentes actores tanto dentro como fuera del país. Entre ellos, la jefa del Ministerio Público e integrante del Consejo Moral Republicano, la Fiscal General Luisa Ortega Díaz; Luis Almagro, Secretario General de la OEA; así como un numeroso grupo de presidentes y expresidentes, preocupados por la situación venezolana.
Entonces, ¿cómo pueden ser acusados de traidores quienes solo exigen la aplicación de un instrumento ideado para la defensa de las alteraciones del orden democrático que de paso, es ley de la República? ¿Cómo puede señalarse con tal imputación a quienes solo exigen el acatamiento de las leyes y de los principios democráticos que Venezuela se comprometió a cumplir y defender?  
Cabe recordarles a los autócratas que el triunfo electoral no concede una patente de corso a los jefes de gobierno, para que lleguen a extremos como los que hoy se patentizan en Venezuela. Las reglas democráticas no deben usarse para asegurarle a la élite su permanencia en el poder. Y sí, la legitimidad de origen puede perderse por el desempeño ilegítimo del mandato.